lunes, 27 de agosto de 2012

PROGRESO EDUCATIVO EN AMÉRICA LATINA


EL PROGRESO EDUCATIVO EN AMÉRICA LATINA: CANTIDAD SIN CALIDAD


El documento que nos motiva este ensayo, denominado “2006. Cantidad sin calidad. Un informe del progreso educativo de América Latina”, fue elaborado por el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (PREAL), que es un proyecto conjunto del Diálogo Interamericano, con sede en Estados Unidos; y la Corporación de Investigaciones para el Desarrollo (CINDE), con sede en Santiago de Chile.
Se trata del esfuerzo privado de instituciones de la sociedad civil internacional, que se preocupan por la educación en los diferentes países, en el entendido que ésta no es solamente responsabilidad del Estado y de los profesores, sino que abarca a todos los sectores.
El procedimiento que utilizan para elaborar su diagnóstico es que un grupo de especialistas elabora un informe de la situación educativa de cada país y luego se sistematiza a nivel de toda la región.
En esa perspectiva, la difusión de este informe es pertinente, constituyendo un enfoque crítico independiente sobre la situación de la educación en América Latina y El Caribe, reporte que se produce cada tres o cuatro años, para medir los avances sobre el tema.
Este informe se basa en los aportes y conocimientos de funcionarios públicos, expertos y líderes empresariales y educacionales de toda la región, así como en los datos cuantitativos y cualitativos derivados de investigaciones y publicaciones recientes.
La conclusión principal que se extrae es que América Latina está esforzándose por mejorar sus escuelas y está logrando avanzar en algunas áreas. Por ejemplo, la mayoría de los gobiernos ha ejecutado importantes medidas durante los últimos años, aumentando la inversión, estableciendo y consolidando sistemas de evaluaciones nacionales, trabajando en la implementación de estándares y delegando la autoridad y la responsabilidad, en varios países, a los gobiernos municipales y comunidades locales.
Como consecuencia de lo anterior, el número de niños que asisten a las escuelas es mayor que antes y la escolaridad de la fuerza laboral está aumentando progresivamente.
Sin embargo se constata que en las principales medidas de éxito, como son: calidad, equidad y eficiencia, los niveles siguen siendo bajos y el progreso es escaso o inexistente.
En general, los niveles de aprendizaje específico de los estudiantes son bajos; asimismo se adolece de sistemas basados en el desempeño. También existe una debilidad de la rendición de cuentas sobre los resultados, debiendo brindar información a los padres de familia, los gobiernos locales y la sociedad civil.
De otro lado se evalúa que la profesión docente se encuentra en crisis por la falta no solo de capacitación, sino sobre todo porque la enseñanza no logra elevar los estándares de aprendizaje de los estudiantes.
Todo ello conspira para privar a la mayoría de los niños latinoamericanos de los conocimientos y competencias necesarias para el éxito en las sociedades modernas. Por estas razones, el informe señala que el balance del progreso educativo en la región sigue siendo insatisfactorio.
En el Perú actual este tema nos lleva directamente al debate sobre el proyecto de Ley de Reforma Magisterial, la huelga de los profesores y los retos de la calidad educativa, como base del desarrollo social del país. Son tres elementos que están íntimamente vinculados, pero que se presentan de una manera compleja.
Supuestamente para enfrentar esta problemática, el Gobierno de Ollanta Humala ha planteado al Congreso de la República el proyecto de Ley de Reforma Magisterial, buscando unificar los criterios, promocionando al magisterio de acuerdo a su desempeño, teniendo en cuenta el resultado concreto en el aprendizaje de los estudiantes. No solamente en cantidad, sino sobre todo en calidad.
En el artículo 27° de este Proyecto, se define los Criterios de evaluación del desempeño. Los profesores serán capacitados y evaluados y los que no aprueben dos veces serán retirados de la carrera pública magisterial. Un punto bastante polémico, pero que se ha aplicado con éxito en otros países, pues sin estímulos y sanciones la fuerza laboral permanece estática.
La cuestión estriba en que para proponer este tipo de leyes no se consulta ni al magisterio ni a la sociedad civil, yendo en contra de sus propios predicamentos de que los profesores deben rendir cuentas a la comunidad educativa; sin embargo el propio Gobierno no lo hace.
Por otro lado, se establece incentivos, desde el profesor de I Nivel que gana una Remuneración Integra Mensual, ascendiendo sus ingresos por una escala incremental de 10, 20, 40, 70 y 100 por ciento más en los sucesivos niveles hasta llegar al 160 por ciento destinado al profesor de VIII Nivel.
Es decir, a mejor desempeño, más remuneración. Eso es lo que se propone, en el papel, aunque en la realidad suele ser distinta.
Lógicamente que los gremios sindicales están en desacuerdo, presentándose varias corrientes en su interior. Vemos, entonces, que han dicho su palabra el Gobierno y el magisterio, pero no son los únicos en este debate; pues al final de cuentas la responsabilidad de los profesores y el Estado es rendir cuentas frente a los estudiantes, los padres de familia y la sociedad.
En este sentido hay todavía mucho por realizar y profundizar, a fin de que los indicadores de calidad educativa sean elaborados y evaluados participativamente por todos los agentes involucrados, y no solamente por algunos de ellos. Consideramos que es la clave del éxito, pues de lo contrario esta problemática seguirá entrampada, como lo viene estando desde hace varios años.
Ahora bien, la evaluación del Progreso Educativo en América Latina que hace el PREAL se basa en 9 indicadores: Matrícula; Permanencia en la escuela; Evaluación; Autoridad y responsabilidad por los resultados a nivel de las escuelas; Inversión en educación; Resultados en las pruebas; Equidad; Estándares; y Carrera docente.
Cada uno de estos indicadores se califica con 5 valores, considerando “A” como excelente, “B” como bueno, “C” como regular, “D” como malo y “F” como muy malo.
En este sentido, se llega a la conclusión que se ha avanzado en cantidad pero no en calidad; porque de estos 9 indicadores solamente tenemos uno bueno, cuatro regulares y cuatro malos; conforme se señala a continuación.
En cuanto a la Matrícula se nota un avance positivo. Las matrículas están aumentando rápidamente, especialmente en los niveles preescolar y secundario, pero todavía hay muchos niños fuera del sistema escolar.
Referente a la Permanencia en la escuela existe un progreso relativo pues los niños están permaneciendo más tiempo en el sistema escolar, pero todavía son pocos los que se gradúan. Sin embargo la repetición es considerablemente más alta que en otras regiones del mundo.
Sobre la Evaluación existe también un progreso relativo, pues si las pruebas nacionales de rendimiento académico son cada vez más comunes, siguen siendo precarias. Los resultados de las mismas pocas veces influyen en las políticas educativas.
Acerca de la Autoridad y responsabilidad por los resultados a nivel de las escuelas, se constata que una serie de países ha delegado la toma de decisiones por los resultados a nivel local pero la gestión y la supervisión continúan siendo insatisfactorias.
En lo que significa la Inversión en educación también hay un progreso relativo, pues la inversión está aumentando, pero el gasto por alumno en primaria y secundaria por estudiante no es suficiente para dar una educación de calidad a todos los estudiantes.
Infelizmente, donde estamos mal es en los Resultados en las pruebas con una perspectiva incierta, pues  los puntajes de los estudiantes en las pruebas nacionales e internacionales siguen siendo inferiores a los niveles aceptables y, en general, no están mejorando.
En Equidad también hay notorias deficiencias. El número de niños pobres, de áreas rurales e indígenas que asisten a la escuela ha aumentado, pero aprenden menos y abandonan la escuela más tempranamente que los niños provenientes de familias con un mejor nivel socioeconómico.
En lo que se refiere a los Estándares, a pesar de que muchos países están desarrollando estándares nacionales, ninguno los ha establecido ni implementado cabalmente ni los ha vinculado a la formación docente, los textos y las evaluaciones.
Sobre la Carrera docente, también se analiza que se encuentra en crisis. Hasta la fecha las iniciativas de mejoramiento de la calidad y la responsabilidad por los resultados de los docentes no han mostrado variaciones medibles en los procesos de aula.
O sea que no se trata solamente de aumentar las capacitaciones de los maestros, sino que esta preparación incida en la mejora del aprendizaje y así sacar al país del fondo de la tabla cuando hay evaluaciones internacionales, como la prueba PISA y otras.
América Latina obtiene entre los peores resultados en todas las pruebas internacionales de rendimiento académico. Los niños provenientes de las familias pobres tienen puntajes mucho más bajos que los provenientes de familias de clase media y alta.
A pesar de los genuinos e impresionantes esfuerzos por implementar reformas, muchas escuelas siguen fracasando en su intento de desarrollar en los niños las habilidades y competencias que requieren para la participación ciudadana activa y el éxito en el ámbito productivo y personal.
¿A qué se debe esto? Existen dos problemas centrales. El primero es que la mayoría de los gobiernos sigue haciendo énfasis en los insumos, en lugar de orientarse a los productos, midiendo el éxito primordialmente en términos de los incrementos de la matrícula y el gasto, en vez de medirlo en términos del aprendizaje de los niños.
Asimismo, pocos han logrado introducir reformas sistémicas para responsabilizar a las escuelas ante la sociedad por el logro de los objetivos educacionales. Y ahí está la gran tarea del futuro. Esta combinación de indicadores inapropiados y la escasa responsabilidad por los resultados ha frenado significativamente el progreso.
Para que todos los niños reciban una educación de alta calidad, se requiere que los países realicen dos cambios fundamentales en su política educacional:  convertir el aprendizaje en la principal medida del éxito de la educación y hacer que las escuelas se responsabilicen ante los ciudadanos por el logro de los objetivos educacionales.
El enfoque social y psicopedagógico que se plantea en el informe del PREAL analizado, coincide con las propuestas de otros autores, como el de Javier Murillo y Marcela Román, en su texto “Retos en la evaluación de la calidad de la educación en América Latina” (2010), donde sugieren cuatro temas prioritarios para avanzar en la mejora de la evaluación de la calidad de la educación.
Primero, evaluar a los docentes, a los estudiantes en sus escuelas y al funcionamiento de las administraciones educativas. Segundo, valorar la participación de la sociedad en la evaluación. Tercero, abordar el estudio de los factores asociados. Y cuarto, plantear la necesidad de la participación social en el diseño de las políticas de evaluación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario